El campamento suele ser un tendal pseudo-hippie postmoderno. Carpas por doquier, mates amargos con agua hervida en el fogon de origen dudoso.
Solo se habla de viajes y encuentros, anecdotas de acampadas, rutas y paisajes.
El mochilero es un ser extraño, mezcla de indiviudalista y ultra solidario. Cada uno arma su viaje, emigra hacia su rumbo sin mirar atrás.
Si haciendo dedo lo levantan, él sube, y el otro queda esperando en la banquina, tal vez vuelvan a encontrarse, tal vez no. Sin compromisos, pero con un afecto por compartir la ruta.
El grupo se conforma por viajes en comun, por lo cual a los nuevos no suelen integrarlo, porque no tienen experiencias en comun. El nuevo solito debe integrarse.
Pero si algo te sucede, si te falta algo, todos te lo dan. En el campamento las cosas son de todos, si no tenes carpa, alguien te hace un lugar, si no tenes que comer, alguien te lo da, todo se comparte, todos son solidarios.
Es por eso que no hay mejor elogio para un mochilero, que alguien quiera compartir con vos un viaje. Porque significa un grado de compromiso al que pocos quieren llegar.

Ser mochilera no es fácil, menos aun comenzar a serlo. Es una posición ideológica. Donde se conjuga una subcultura dentro de la propia.
Para comenzar se debe tener en cuenta la información sobre:
Mochilas: se miden por litraje. Una mochila para hacer solo trekking (es decir, sin carpa ni bolsa de dormir), ronda los 40 a 50 litros. Si se lleva bolsa de dormir (dentro de una bolsa compresora), se puede utilizar una de 55 litros. Si la idea es llevar aislante y carpa, la mochila ideal ronda entre los 65 y 80 litros, dependiendo la relación con la altura y el peso de la persona que la porta.
Carpas: infinidad de información. Se calculan por su resistencia a la intemperie y su capacidad. Las hay tipo sarcófago, donde entra una sola persona, y solo ingresa acostada, ni siquiera sentada, es ideal por los ciclistas que la transportan en las alforjas de la bicicleta.

