La ciudad de S.S. de Jujuy es una mezcla inconexa de colonialismo y modernidad. Está dividad por un río estrecho, cuyos márgenes recuerdan a la ribera de Puerto Madero en lo que se refiere a parquización. Cada dos o cuatro cuadras hay puentes para cruzarlo. Y siguiendo con la vista hacia el oeste verán cerros cuyas cimas, en los días nubosos, se cubren de nieve. Un espectáculo extremista de calor en la ciudad y nieve en las cimas.
Es una ciudad agradable de caminar, con amplias plazas, comercios, restaurants, bancos, todas las comodidas que nos puede ofrecer una pequeña capital provincial. Por la noche los bares ofrecen ambientes varios.
Pero a mi entender la joya suprema de aquí son las numerosas esculturas de Lola Mora desperdigadas cual tesoros a encontar con un mapa por la ciudad. En la casa de Gobierno al menos hay 6 por afuera, en diversos puntos de parques o rotondas principales también las encontrarán.
Dicen las malas o buenas lenguas que estas esculturas estaban encerradas en el Congreso Nacional sin saber a donde destinarlas porque los ojos puritanos se negaban a verlas en las calles porteñas, y que el gobierno de Jujuy en ese entonces las solicitó. GRACIASSSS
Corrientes es una ciudad construida sobre el río. Tiene un paseo que hace recordar a la costanera, con carritos de venta de cervezas y comida chatarra ideal para comer en tardes calurosas.
Pero lo que más me impacto es su población masculina. Recuerdo el día que la visite, la recorrí caminando en unas 6 horas, agotada, muerta de sed, sudada, y aun asi los citadinos me decían halagos, piropos, elegantes algunos, otros sencillos.
Por eso, si sos mujer en busca de autoestima, date una vuelta por Corrientes, pueblo de pícaros simpáticos, respetuosos y elogiadores.
Los otros días anduve por Buenos Aires, en el sector de Puerto Madero. Paraíso elitista de sorrentinos a 50$, bellisimo en su arquitectura cada vez menos original, pero hermoso para pasear. Con postales extraídas de revistas, tomando un cafe viendo pasar los barquitos al mediodía.
Se ha ampliado tanto este distrito que ya no alcanza una mano de la ribera. Pero lo más curioso es la falta de mapas en internet. Busque y busque, y casi ni los hay.
Sin embargo, en el cafe en el que estuve deleitandome entregaban folletos turisticos, que a falta de escaner y gracias a la camara digital reproduzco el sector Faena para ustedes. Si desean más, pidanlo y cumpliré!
El sector más popular es el que se encuentra sobre Olga Cosettini, calle que se convierte en una trampa para el más experto conductor, porque por un momento deja de existir.
La Quiaca es una de las últimas ciudades-pueblos de Argentina. Pequeño, de tránsito, de caras esculpidas por el sol, el viento, y la pobreza. La estación de omnibus está a solo 6 cuadras de la frontera. Caminando se llega a un avenida en la cual se asienta la gendarmería para la consabida revisión de documentos y equipajes.
No aconsejan pasar la noche allí, ya que la mayoría de los que van lo hacen con dinero para cruzar a Villazon a comprarse la vida. Villazón es como Paso de los libres. Una suerte de Once, con electrodomésticos, ropa, baratijas a presios irrisorios. Los sweters que en Tilcara salían 45, que en Tafi salían 60, aqui estan a 20.
Por ello, al saber que los turistas llevan dinero para las compras, son un imán para los oportunistas. Ir rápido, comprar rápido y volver rápido, ese es el consejo. La ciudad no ofrece mucho para ver.
Villazón tiene una hermosa plaza a unas 7 cuadras de la frontera, en la cual se puede reposar. Se aconseja llevar agua mineral, por el calor y la caminata. Ir dispuesto a regatear y nunca nunca comprar por impulso, dar una vuelta y comparar precios.

Había una vez una vaca, en la quebrada de Humahuaca... asi dice la copla, pero la verdad no la vi. Lo que si vi y disfrute es de los copleros. En medio de la plaza los niños se acercan y cantan coplas por unas monedas. Humahuaca es un pueblo sencillo, en una tarde se recorre. Rodeado de un paisaje bellisimo de cerros. El pueblo está escalonado, con una diferencia entre un extremo y otro de unos 150 metros de altura.
Es el punto ideal para conocer los alrededores, haciendo base para ir luego a La Quiaca. Negocios de artesanías rodean la plaza del monumento. En la cual se arma una feria. Este es el lugar para quienes quieren comprar objetos de barro, es el pueblo que los tiene más económicos: azucareras, vasijas, maceteros, etc.
Por las noches los promotores de los restuaran cuentan el menu, si uno elige el restauran deberá indicar el nombre del promotor, para que este pueda cobrar su comisión, todo en un marco de respeto, sin avasallamiento.

